La sal común que se utiliza comunmente para paliar los efectos de la nieve caída estos últimos días en la Comunidad de Madrid tiene efectos negativos para el medio ambiente.
El procedimiento habitual de esparcir sal por las calles para evitar la concentración de nieve y hielo puede, aunque no lo parezca, tener consecuencias fatídicas para el medio ambiente. Los ayuntamientos y particulares parecen hacer caso omiso a este hecho, denunciado recientemente por Greenpeace, y siguien pidiendo toneladas de sal a los distribuidores (vídeo 1:42).
La nieve ha sorprendido a los madrileños estos últimos días, y parece que no será la última vez que caiga en la Comunidad en lo que queda de invierno. La Delegación de Gobierno de Madrid ya ha activado la alerta naranja, lo cual implica el uso de más de 16.524 toneladas de sal.
La sal sigue siendo la alternativa más barata, pero también la que más contamina. Julio Barea, responsable de la campaña de contaminación de Greenpeace, lo tiene claro: “La sal se está utilizando en zonas arboladas, en puertos de montaña e, incluso, en zonas protegidas, y está produciendo una salinización de las aguas”.
Los daños medioambientales que implica el uso de sal son varios, entre ellos daños graves en animales y plantas hasta a 200 metros de las carreteras tratadas con sal o, como argumenta Barea, salinización del suelo y del agua superficial o subterránea.
